martes, 9 de junio de 2009

Declaración contra la criminalización del antisionismo y la protesta social

Ante los sucesos del Domingo 17 es un error realizar un análisis simplista. Y sin embargo es simple y primordial señalar que establecer los actos o declaraciones antisionistas como hechos de antisemitismo per se no puede tener otro objeto que acallar y perseguir las protestas sociales y repudios a la política Israelí, y de ninguna manera constituye una estrategia en la lucha contra una perversión ideológica, el antisemitismo, sino la criminalización estratégica de una legitima posición política, el antisionismo. Por eso, desde No En Nuestro Nombre exigimos la liberación de los militantes que fueron detenidos en el marco de la judicialización de los repudios al accionar del Estado de Israel y la persecución y silenciamiento de la protesta social.

Israel vive de un capital simbólico, el del judío, y en ese capital simbólico se funda toda la estrategia de exculpación de su política de opresión en Palestina y de manipulación en sus relaciones internacionales. Ese capital no le pertenece. La verba de esta política trata de borrar la distinción entre el ser judío y el ser israelí para aglutinar voluntades. Es mediante este artilugio que se persigue todo cuestionamiento político e intelectual a su accionar estatal como si fuera un acto anti-judío. Debe comprenderse que esa confusión entre judaísmo e Israel esta cargada políticamente y es promovida por el estado de Israel y la dirigencia judía pero puede y ha sido utilizada por el antisemitismo. La judeofobia no es responsabilidad del Estado de Israel, pero tampoco es él inocente.

Si agencias como la DAIA y la prensa argentina estuviesen realmente preocupados por evitar actos antisemitas y su raigambre en la sociedad argentina, deberían realizar lo opuesto a lo que efectivamente hacen. Deberían producir la crítica a la falsa igualación de Judaísmo y Sionismo, analizar la ligazón que hubiese, dejar de utilizar y confundir antisionismo y antisemitismo como si fueran sinónimos y diferenciar judaísmo e Israel para desmarcar al primero de las brutales políticas del segundo. Deberían señalar que los Judíos no justifican lo que Israel hace, hay judíos que sí, judíos que no, evangelistas sionistas que sí, otros que no, espectros de la derecha que sí, occidentales cruzados contra el Islam que también, en lugar de poner el mote de cómplices a todos los circuncisos al señalar que el desprecio ante las acciones de Israel es un desprecio hacia los judíos.

Una verdadera posición contra-antisemita debe alzarse ante esta estrategia si se quiere evitar el desarrollo de nuevas formas de judeofobia y luchar contra la existente. Si se considera que actos de antisemitismo pueden camuflarse en discursos antisionistas, entonces habrá que condenar lo antisemita oculto, no al antisionismo que es una expresión política y ética más que legítima y aún legal ante el accionar ilegítimo, injusto y brutamente criminal del Estado Israelí. El racismo es hijo de las simplificaciones y nunca de la indagación concienzuda.

La defensa política de Israel vocifera consignas y alza su dedo acusador ante la falta de argumentos veraces, y el frente que se levanta contra la injusticia acá y en Palestina no puede quedarse igualmente a ese nivel sino que debe darse un contenido transformador. Por la complejidad de la batalla política y de ideas que se debe dar, entendemos también que el accionar de las agrupaciones políticas el pasado domingo 17 debería ser pasible de análisis y crítica. Luchar contra la judicialización no debería evitar la introspección y la autocrítica por parte de los que reivindicamos la política que se hace desde la calle, el barrio o la universidad.

Han circulado felizmente muchas y diversas solicitadas y declaraciones, de Svampa, Kohan, Bayer, Esquivel, IJAN, En nuestro nombre no, Juventud x Palestina, y otros., que rubricamos. Sin embargo, no queríamos dejar pasar la oportunidad de alzar otra voz más, una perspectiva más, ante la criminalización de la protesta y la tergiversación de Antisionismo y Antisemitismo.

-Rechazamos que se caratule los hechos del Domingo 17 como actos antisemitas o terroristas.

- Por la libertad inmediata a los presos políticos

- Contra la judicialización de los reclamos sociales.

- Contra la igualación conceptual y judicial de Antisemitismo y Antisionismo

-Por más voces que digan “no en nuestro nombre” y cuestionen la utilización de lo judío para justificar y exculpar la barbárica política israelí

NO EN NUESTRO NOMBRE

jueves, 21 de mayo de 2009

Presentación



No en nuestro nombre

1. Después del Ataque israelí a la franja de Gaza llamado “Plomo Fundido”, un grupo de personas que venían trabajando en otros frentes la problemática de lo que sucede en Israel/Palestina, decidió juntarse detrás de una identidad que esta atada, en más de un sentido, al conflicto, la judía.

2. Sin Embargo, este grupo que se formó no es confesional, si bien tiene una voz común. Y no es confesional en un doble sentido: recibe en su seno la participación de gente que no se identifica con el judaísmo y, por otro lado, no exige una posición homogénea de sus miembros respecto a todo detalle que se refiera a Palestina-Israel. Pero sí tiene una voz común, esa voz es la que se alza primero ante el crimen, e inmediatamente después ante la manipulación de la identidad judía para poder justificarlo.

3. El estado de Israel nos interpela a los judíos activa y pasivamente. El mito de Israel como madre patria judía exige, a través de la ideología que lo sustenta, el alineamiento de opinión de todos los sujetos que sienten como propia la identidad judía detrás de una política que no es posible evaluar, criticar ni rechazar.

4. Pero ¿En qué consiste este ser? ¿judío es un pueblo? ¿es una religión? ¿es una cultura? judaísmo es muchas cosas, y nosotros judíos argentinos queremos asumir la identidad del judío que somos como aquel que está forjado en la resistencia, la vivencia del horror y la negación a perecer ante él y su yugo; por eso conmemoramos hoy el levantamiento del Ghetto de Varsovia, la lucha por la libertad y la realización de la dignidad, la esperanza por hacer de este mundo uno mejor que revierta sus miserias.

5. Problematizar el sionismo, hacer una critica de él en nombre de la experiencia y la historia judía, y por judíos en un agrupamiento activo, en ningún caso puede ser calificado de antisemita, y ese es un particularismo muy privilegiado (hoy casi en ningún lugar puede siquiera criticarse al sionismo que es ideología del estado israelí sin ganarse el mote de antisemita). No somos autofóbicos, sino más bien decidimos asumir este particularismo entre otras muchas identidades que a cada uno de nosotros nos constituyen, el ser argentinos, etc., para accionar contra un crimen que en primer lugar masacra seres humanos y luego con su discurso ofende a todo aquel que se siente judío pero se horroriza a su vez ante lo que acontece en oriente próximo.

6. El mito de Israel como madre patria judía es el nudo que hay que desarmar. Israel vive de un capital simbólico que trafica, el del judío. Es su principal producto de intercambio, marca su balanza comercial y sus relaciones con las Naciones, y en ese capital simbólico se fundan toda su estrategia de exculpación y relaciones internacionales manipuladas. Mediante este artilugio persigue internacionalmente a través del lobby sionista todo cuestionamiento político e intelectual al sionismo como si fuera un acto anti-judío.

7. Por otro lado, en la noción de Israel como Madre Patria, o Estado judío, se plasma la premisa exclusivista y racista que tiene su concreción en el accionar del Estado de Israel.

8. Desarmar este mito en torno a la cuestión judía e Israel, que se asocia a la afirmación de la singularidad del horror y su beatificación en la inconmensurabilidad de Auswitch, es central para demoler los tabúes intelectuales en torno al conflicto, y así desacralizar un lenguaje que se quiere cuasi religioso, intocable, un discurso donde la prohibición de usar los términos racismo, apartheid, limpieza étnica y agresión de genero, si no quiere hablarse de genocidio, no hace más que restringir injustificadamente el lenguaje para anular la reflexión y la crítica.

9. El sionismo no nos dio un estado donde los judíos pudieramos vivir sin ser perseguidos y en paz con otras nacionalidades en una tierra con la que algunos se sentían unidos culturalmente. Entender el conflicto retrotrayendo su análisis hasta antes de la Nakba, y haciendo la critica del error criminal de la definición de Israel como estado judío, significa una reparación moral e histórica al pueblo palestino sin la cual toda resolución del conflicto será injusta. Situar en el crimen original del proyecto sionista, en su premisa exclusivista y su consiguiente accionar, la responsabilidad central del drama palestino, del drama de los refugiados, de la limpieza étnica y el origen la violencia en la región, constituye una obligación intelectual y política. Debemos hacer un juicio por la verdad porque es necesario que en el conflicto caiga toda insinuación a la teoría de los dos demonios. Un proceso para una paz sin verdad ni justicia es una contradicción, y fracasará.

10. Así, cuando Israel nos interpela como judíos no nos sentimos ajenos. Hoy, silenciosos, somos poleas de transmisión aceitadas de una política criminal. Ya las intimas rasgadas de vestiduras no son suficientes y se impone una acción que lleve este malestar que sentimos con nuestro ser judíos, con nuestro ser humanos y el estado de Israel, a la reflexión activa y al alzamiento de nuestra viva voz, al necesario movimiento y organización, de una comunidad judía cuya conciencia esta siendo violentada por Israel y su “dirigencia”. Queremos ser dignos de conmemorar la dignidad que nuestra cultura supo enarbolar.

11. Hoy Gaza es el ghetto sitiado que hermana a los palestinos de hoy y a los más dignos judíos de ayer en una resistencia común a la opresión, al hacinamiento y la deshumanización. La memoria de la Shoa, que se retuerce cada vez que se la utiliza para exculpar nuevos crímenes, debe sensibilizarnos ante la injusticia y jamás reconfortarnos ante lo “incomparablemente menor” de estos crímenes cotidianos comparados a los sufridos por los judíos del pasado.

12. Este espacio convoca a que al interior de la comunidad judía se genere un movimiento que sea disruptivo y revierta una conciencia y su respectivo accionar, que lastima una identidad que está siendo manipulada para aglutinar voluntades en pos de un apoyo a políticas criminales que no la representan. Estas reflexiones y las acciones que de ellas surjan son sin duda el mejor homenaje a lo mejor de nuestra tradición que hoy, como judíos, podemos realizar.


martes, 21 de abril de 2009

Del Ghetto de Varsovia a Gaza - Hotel Bauen


Fotos del Evento


A. Feldman, A. Kohan, J. Kreines y L. Sabini







Del Ghetto de Varsovia a Gaza - El derecho a la resistencia

Del levantamiento del Ghetto de Varsovia nos queda la mejor imagen de lo mejor de nosotros, la dignidad humana que se siente irreductible y se rebela ante todo intento de anularla, una fisura en el corazón del horror, la resistencia a la barbarie, ese haz que es luz para que amanezca mañana.
¿Qué nos queda de Gaza? En la franja hay luz, pero también hay escombros, y hay calvario, hay muertos, demasiados muertos, la humanidad apilada en el horror, para los vivos no hay escape, hay vacío, hay testimonio y hay su ausencia, y hay entre la realidad derruida un ser convaleciente, en harapos, un ser perplejo ante el espejo, que anda perdido, como un fantasma ciego. Ese ser es el ser judío.
Pero ¿En qué consiste este ser? ¿judío es un pueblo? ¿es una religión? ¿es una cultura? Podemos discutirlo, pero lo que sí es el judío que somos es ése que está forjado en la resistencia y la diáspora que es nuestra historia, en los valores humanitarios, la vivencia del horror y la negación a perecer ante él y su yugo; somos el levantamiento del Ghetto de Varsovia, la lucha por la libertad y la realización de la dignidad, la esperanza por hacer de este mundo uno mejor que revierta sus miserias.
Hoy Gaza es el ghetto sitiado que hermana a los palestinos de hoy y a los más dignos judíos de ayer en una resistencia común a la opresión, al hacinamiento y la deshumanización. Ya no alcanza simplemente con desmarcarse. Israel nos interpela y no nos sentimos ajenos. Hoy, silenciosos, somos poleas de transmisión aceitadas de una política criminal. Ya las intimas rasgadas de vestiduras no son suficientes y se impone una acción que lleve este malestar que sentimos con nuestro ser judíos, con nuestro ser humanos y el estado de Israel, a
la reflexión activa y al alzamiento de nuestra viva voz, al necesario movimiento y organización, de una comunidad judía cuya conciencia esta siendo violentada. Seamos dignos de conmemorar la dignidad.
La memoria de la Shoa, que se retuerce cada vez que se la utiliza para exculpar nuevos crímenes, debe sensibilizarnos ante la injusticia y jamás reconfortarnos ante lo “incomparablemente menor” de estos crímenes cotidianos comparados a los sufridos por los judíos del pasado. Este texto convoca a que al interior de la comunidad judía se genere un movimiento que sea disruptivo y revierta una conciencia y su respectivo accionar, que lastima la tradición de una cultura que está siendo manipulada para aglutinar voluntades en pos de un apoyo a políticas criminales que no la representan. Estas reflexiones y las acciones que de ellas surjan son sin duda el mejor homenaje al levantamiento del Ghetto de Varsovia que hoy como judíos podemos realizar.